El PIB Potencial y el peligro de la complacencia

Los economistas tendemos a usar conceptos oscuros, que no siempre son entendidos por los no expertos. El término PIB potencial es un buen ejemplo, con un plus además de oscurantismo porque ni siquiera hablamos de una variable observable.

Sin embargo, se trata de un concepto importante. ¿Por qué? Porque es esencial para el diseño óptimo de las políticas económicas anti-cíclicas. Y, más importante, porque es el determinante principal de la capacidad que tiene un país para generar bienestar a largo plazo para sus ciudadanos. Ambas cosas son cruciales para nuestro país en estos momentos.

¿Qué es pues el PIB potencial? Una posible definición diría que es la cantidad de bienes y servicios que puede producir un país cuando usa todos los factores de producción de una forma eficiente.

¿Cuándo estaría el PIB observado por debajo del potencial? Cuando los factores de producción no se estuvieran usando plenamente. El ejemplo más claro sería cuando existe mucho desempleo, como es precisamente el caso de España hoy.

¿Y cuándo estaría el PIB observado por encima del potencial? Cuando los factores de producción se estuvieran usando de una manera “insosteniblemente intensa”. Aquí quizás la cosa se entienda mejor pensando en la economía de un país como si fuera la de una empresa concreta. ¿Cómo puede una empresa durante un corto período de tiempo ampliar la producción por encima de lo que resulta sostenible a largo plazo? Pues, por ejemplo, pidiendo a sus trabajadores que hagan “horas extra”. Lo mismo sucede en un país: el PIB puede situarse temporalmente por encima del potencial, sí, pero sólo haciendo que los factores de producción hagan “horas extra”, algo que no se puede conseguir de forma indefinida.

Entendido más o menos, espero, lo que es el PIB potencial, vayamos a la primera de las cuestiones que hemos planteado para defender la importancia del concepto: ¿Por qué es importante el concepto de PIB potencial para el diseño de la política económica a corto plazo?

Centrémonos primero en el caso en el que el PIB observado se sitúa por debajo del potencial (en nuestra línea de “esoterismo”, los economistas también describimos esta situación como una en la que el output gap, la diferencia entre PIB observado y potencial, es negativo). En esta situación, el desempleo es superior al de equilibrio, lo cual tiende a generar presiones a la baja en salarios (porque hay más gente queriendo trabajar que empresas dispuestas a contratar) y en precios (porque la demanda se encuentra deprimida por el alto desempleo y unas perspectivas probablemente negativas). ¿Qué debe hacer en este escenario la política económica? En teoría, debe volverse razonablemente expansiva, para favorecer que el empleo se acerque al equilibrio y para impedir que se generen tensiones deflacionistas duraderas.

¿Y qué pasa si el PIB observado es mayor que el potencial? Pues que, como se está pidiendo a la gente que haga “horas extra”, lo que suelen aparecer en este caso son tensiones al alza tanto en precios como en salarios. Parece lógico que, en este caso, la política económica deba volverse algo restrictiva, para evitar que surjan tensiones inflacionistas excesivas.

Vayamos a hora a la segunda de las cuestiones planteadas, en concreto la importancia del concepto de PIB potencial desde una perspectiva de diseño de política económica de largo plazo. ¿Cuáles son los factores que determinan cuánto puede crecer el PIB de un país a largo plazo? Esta pregunta es equivalente a la siguiente: ¿Cuáles son los factores que determinan el crecimiento potencial de un país?

Pues son básicamente los siguientes: el crecimiento de la fuerza laboral; el crecimiento del capital (incluyendo el capital humano); y el progreso tecnológico.

¿Qué hay que hacer, pues, para favorecer el crecimiento potencial? Diseñar políticas de reforma estructural que, compatibles con un grado satisfactorio de cohesión social, tiendan a favorecer un funcionamiento eficiente del mercado de trabajo; un entorno atractivo para la inversión empresarial y para la innovación; y unas condiciones razonables para la mejora del capital humano y la igualdad de oportunidades.

Este es el reto que ahora tenemos como país: olvidemos la complacencia que podría derivar de la mejoría económica a corto plazo y trabajemos para el futuro. Es mucho lo que queda por hacer.

 

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